Colombia y Venezuela:Fraternidad sin límites

 

Por Omaira Martinez Cardona

Periodista Colombiana especialista en geopolitica y humanidades.

Más allá de compartir una historia y una vecindad territorial de más de dos mil kilómetros en varios puntos geográficos en los que se mezclan paisajes como los de Zulia, Maicao, Ureña, San Antonio de Táchira, Cúcuta y la llanura de Arauca, lo que realmente une a los colombianos con los venezolanos, son lazos de solidaridad que pese a décadas de altibajos en uno u otro territorio, han superado cualquier frontera o desacuerdo político.

Aunque las poblaciones de ambas naciones estén divididas por una línea, los lazos fraternales son indisolubles, están unidas por una profunda crisis social y económica que las hace interdependientes y las motiva a estar en constante interacción sin barreras, sin límites.

Más que vecinos de tierra

Después de casi 60 años de negociaciones, con la firma del Tratado de Demarcación de Fronteras y Navegación de los ríos comunes entre Colombia y Venezuela en 1941, parecía haber terminado un  largo proceso de discordia territorial. Sin embargo, en los últimos años, la extensa  frontera terrestre que es la más grande de ambos países, se ha convertido en una zona  conflictiva y de constante tensión debido a la falta de control y a desacuerdos ideológicos, políticos y económicos entre los dos gobiernos por problemas como el narcotráfico, el comercio ilegal y la presencia de grupos armados al margen de la ley.

Históricamente, Venezuela era un país de inmigrantes, acogiendo especialmente a los colombianos que décadas atrás migraron hacia tierras venezolanas, buscando un refugio y huyendo de la violencia y la intensificación del conflicto en Colombia. De acuerdo con cifras de las autoridades migratorias de ambos países, la colombiana, es la comunidad extranjera más numerosa en Venezuela.

Actualmente la dinámica migratoria se invirtió y ahora Venezuela es un país de emigrantes debido a la crisis que vive, siendo Colombia el principal destino. Sin cifras precisas, las autoridades colombianas estiman más de un millón 200 mil ciudadanos venezolanos entre legales e ilegales que hoy residen en territorio colombiano.

Hasta el 2014, cuando el presidente venezolano cerró la frontera, el tránsito era libre. Desde hace casi un año que se reabrió y después de deportar a cientos de colombianos de Venezuela, ahora diariamente cruzan la zona limítrofe unos 55 mil venezolanos que argumentan ante Migración Colombia, la necesidad de abastecerse, de buscar asistencia médica  o de  trabajar.

Ante el flujo de inmigrantes y considerando la situación del vecino país como una crisis humanitaria, las autoridades colombianas con el fin de garantizar la atención de los migrantes han implementado varias estrategias, entre ellas, la instalación de la mesa departamental de frontera en la ciudad de Cúcuta, desde donde se coordinan todas las acciones de asistencia. Además, el pasado 28 de julio entró en vigencia el Permiso Especial de Permanencia creado mediante resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores, con el propósito de regularizar la situación migratoria de miles de venezolanos que ingresaron al territorio colombiano y que por diversas circunstancias están en situación de irregularidad.

Cae balanza comercial

El comercio entre Venezuela y Colombia históricamente había sido normal hasta el cambio de rumbo político en Venezuela que hoy ha tocado fondo, afectando significativamente esta historia de vecindad, fraternidad y solidaridad.

La mejor etapa de intercambio económico entre los dos países se dio entre los años  2004 y 2009 como reacción a una serie de políticas económicas a ambos lados de la frontera. En Venezuela, influyó el auge de los precios del petróleo mientras en Colombia, se privilegió la producción de bienes de consumo con mayor protección y aranceles altos.

Casi 10 años después, este escenario se esfumó. La inseguridad en la zona de frontera debido al contrabando de combustible, más la desindustrialización venezolana y los problemas con las divisas, frenaron la reactivación de la dinámica comercial. La situación actual de los venezolanos no sólo es de desabastecimiento de productos básicos. Según datos del Ministerio colombiano de Comercio, Industria y Turismo, el intercambio comercial registró un descenso de cerca del 60 por ciento el primer trimestre de este año.

De acuerdo con cifras de la Cámara de Integración Económica Venezolano-Colombiana, el comercio binacional cerró el año 2016 con un descenso del  35%, con tendencia a seguir bajando debido a la crisis que atraviesa Venezuela que no favorece el proceso de integración económica y al que se suman las recientes sanciones económicas impuestas por algunos países y las limitaciones a la competitividad de los productores y exportadores venezolanos.

Diplomacia: entre amores y desamores

Desde el ascenso en Venezuela de Hugo Chávez y la llegada a la presidencia de Colombia de Álvaro Uribe, se desencadenó una serie de discordias motivadas en políticas exteriores que aumentaron la polarización entre los gobernantes y turbaron las relaciones entre ambos países.

Aunque durante cuatro años se dio un ciclo de cooperación que llevó a la reactivación de temas prioritarios para las dos naciones, especialmente en materia comercial, con la designación no autorizada por el mandatario colombiano, del presidente venezolano como facilitador en la liberación de secuestrados, se produjo un  intercambio de acciones ofensivas que llamaron la atención de varios países de la comunidad internacional. Entre muchas confrontaciones, se destacó una fuerte discusión entre los dos presidentes en la cumbre del Grupo de Río en México en 2010, que desató la ruptura de las relaciones diplomáticas.

Después, con la llegada a la presidencia de Colombia de Juan Manuel Santos en el 2010, se reanudó el diálogo entre los dos países con la Declaración de Principios que relanzaba la relación bilateral, bajo parámetros de respeto y diálogo, lo cual se cumplió parcialmente hasta el 2013 cuando nuevamente se complicó la agenda binacional con problemas en los que el intercambio de insultos y acusaciones entre los dos mandatarios, ha resentido como nunca antes las relaciones diplomáticas, carentes de una política exterior coherente que vaya más allá de las personalidades de los mandatarios.

Independiente de quien esté en el poder y de los encuentros y desencuentros ideológicos, el verdadero patriotismo debe trascender cualquier límite. Mientras, los venezolanos persisten firmes y en medio de la incertidumbre en su lucha por la libertad, los colombianos los acogemos esperanzados en que en un futuro nuestro país no pase por una crisis similar. La soberanía no está determinada sólo por las fronteras, realmente son los ciudadanos quienes tienen el poder para construir patria, para integrar naciones y culturas.

Omaira Martínez Cardona

Colaboradora de este informe es comunicadora social periodista colombiana, especialista en geopolítica y humanidades. Con más de 20 años de experiencia en gestión de la comunicación y relaciones con comunidades en distintos campos: medios, docencia, desarrollo comunitario y comunicación pública. Redactora, editora y coordinadora de publicaciones y estrategias de comunicación. Reportera y columnista en temas de educación, política y cultura ciudadana.

 

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